El juego es, sin duda, un importante agente socializador que actúa durante todo el ciclo de la vida, puesto que hay juegos infantiles, juveniles y de adultos, pero que es determinante en el desarrollo del niño.
Ya a partir del primer año de vida, los niños comienzan a practicar juegos en solitario, juegos que les ayudarán a mejorar su coordinación corporal y a ampliar el conocimiento del mundo adulto desarrollando nuevas habilidades e imitando su comportamiento. Es lo que G. H. Mead denominó aprender a adoptar el papel del otro. Los niños pequeños, siguiendo la evolución que propuso Mildred Parten, comienzan con juegos independientes y solitarios. Evolucionan hasta copiar lo que otros hacen: juegos de actividad paralela. Hacia los tres años más o menos consiguen ya coordinar su comportamiento con el de otros en los llamados juegos asociativos. Posteriormente, en torno a los cuatro años, realizan actividades que exigen que cada niño colabore con los otros: juegos cooperativos. Así, para los cinco años, el niño es un ser relativamente autónomo que, a través de los juegos, ha aprendido disciplina y autorregulación.
Son muchas las clasificaciones que se han propuesto para estudiar los juegos tradicionales. Una de las más evidentes tiene que ver con la edad de los participantes: juegos infantiles (los que los adultos enseñan al niño pequeño interactuando con él); juegos infantiles-juveniles (los que practican éstos ya autónomamente: rítmicos, de motricidad y de interacción con el medio ambiente, generalmente); y juegos de adultos, asociados al ocio y al entretenimiento. La Antropología también propuso una diferenciación relacionada con su estructura: juegos organizados frente a juegos en torbellino o caóticos. Y la Sociología insistió en la clasificación a partir de las diferencias de género: juegos mixtos, juegos marcadamente femeninos y juegos mayoritariamente practicados por un género.
Los grupos Etniker, en su Atlas sobre los juegos tradicionales basado en el cuestionario de Barandiarán, proponen un exhaustivo repertorio de juegos infantiles: de la primera edad, de relación con la naturaleza, de carreras, de esconderse, de salto, de lanzamiento, de habilidad, rítmicos, de lenguaje, de adivinar... Conceden también importancia a las fórmulas, normas y sorteos infantiles, y a la fabricación artesana de juguetes, sin olvidar las diferencias por géneros. Tomando como base éste y otros repertorios, Clara Urdangarin y Joseba Etxebeste se plantean una clasificación de los juegos tradicionales infantiles. Parten de una división propuesta por el antropólogo Joseba Zulaika entre juegos de ganar o perder (juegos lineales de competición) y juegos de ganar y perder (juegos cíclicos). Oponen los términos vascos jokoa (juego de azar y de competición) y jolasa (juego sin apuesta ni competición) que colocan en los extremos de un continuum con dieciséis posibilidades combinatorias. Quizá lo más interesante de su contribución radique en los cuatro criterios que establecen para esta clasificación. El primero de ellos, la relación entre los jugadores, permite distinguir juegos psicomotores (o en solitario) y juegos sociomotores (colaboración, oposición o colaboración-oposición). El segundo criterio, la relación con el espacio, diferencia juegos con incertidumbre y juegos sin incertidumbre. En la relación con los objetos se inspiran para diferenciar juegos en los que no es necesario ningún objeto y juegos con materiales u objetos (nosotros añadiríamos también plantas, animales...). Por último, los juegos se distinguen por su relación con el tiempo: juegos sin un final determinado y juegos en los que se marca el final del juego. La combinación de todos estos criterios les sirve así para clasificar una serie de juegos tradicionales con una ficha de trabajo que recoge las características del juego (descripción, espacio, número de participantes, edad, material, estructura y duración), el modo de jugar (comienzo, desarrollo, final, otras formas de jugar), las acciones dominantes, los usos y costumbres asociados a ese juego, y los aspectos pedagógicos que potencian.
Sin embargo, esta claridad expositiva topa con una dificultad sobre la que venimos advirtiendo en toda esta clasificación de los géneros orales e inmateriales: la permeabilidad de éstos, es decir, que los juegos, las canciones, las retahílas, etc. son muchas veces difíciles de diferenciar. Ana Pelegrín, en su clasificación de formas del folclore infantil, ya lo deja entrever. Establece cuatro bloques: retahílas-juegos y nanas que los mayores enseñan al niño pequeño; desarrollo de la palabra; juegos rítmicos y de motricidad (de acciones y motricidad, con objetos, retahílas de sorteos, rítmicos, y de ingenio y prendas); y juegos-canciones. Como se puede observar, estas fronteras poco delimitadas y permeables influyen en su clasificación. Hasta tal punto que la reformula y simplifica posteriormente estableciendo tres bloques que denomina juegos-rimas de movimiento y acción, juegos-rimas de ingenio y juegos danzados de corro. Toda esta dificultad ha llevado a otros estudiosos y recopiladores a clasificar sus colecciones de juegos tradicionales en función de criterios por lo general menos coherentes que los presentados por Urdangarin y Etxebeste.
Menos complicados de clasificar son los juegos de adultos: luchas, lanzamiento de piedras, la palanca, los bolos, las birlas, juegos de manos, de naipes... Este repertorio se adapta sin problemas a los criterios propuestos, ya que la conexión con otros géneros es menor o inexistente. En su caracterización también hay que abordar las diferencias de género y diferenciarlos de los deportes tradicionales.
En conclusión, adoptamos los criterios y el modelo de ficha de Urdangarin y Etxebeste con las prevenciones señaladas. A esta ficha basada en la tradición oral habría que añadirle, como propone Ana Pelegrín, un estudio de las menciones de cada juego en obras literarias y glosarios con su pertinente bibliografía, un estudio iconógrafico que indague en las representaciones gráficas del juego y un comentario final que integre todos los datos obtenidos de las distintas fuentes.
| Tipo | Título | Informante | Clasificación | Localidad |
|---|---|---|---|---|
| Video | Juego de "Aceitera, vinagrera" | Otazu, María Teresa | Juegos tradicionales | Pueyo |
| Video | Panpinak | Laurentzena, Corneli | Juegos tradicionales | Urdazubi/Urdax |
| Video | Ahate jokoa eta pedar jokoa | Irazoki Arburua, Juan | Juegos tradicionales | Zugarramurdi |
| Video | Jostetak, marroka eta kukuka | Irazoki Etxenike, Dolores | Juegos tradicionales | Zugarramurdi |
| Video | Juego de los días de la semana | Undiñano Baleztena, Regina | Juegos tradicionales | Etxarri-Aranatz |
| Video | Juego de la canela | Undiñano Baleztena, Regina | Juegos tradicionales | Etxarri-Aranatz |
| Video | Juego de la gloria y el infierno | Dominga | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juego de la gallina ciega | Portilla, Encarna | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juego del disparate | Portilla, Encarna | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juego infantil (del burro) | Portilla, Encarna | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Retahíla en juego de naipes | Portilla, Encarna | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juego del "Vuelan vuelan..." | Portilla, Encarna | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juegos del catucil y la peonza | Mendive, Iluminada | Juegos tradicionales | Burgui/Burgi |
| Video | Elaboración de muñecas | Rubio, Laura | Juegos tradicionales | Pamplona/Iruña |
| Video | Juego de las tabas | Valencia, Trinidad | Juegos tradicionales | Garínoain |
| Video | Juegos de las cartetas y las chapas | Ibáñez, Carlos | Juegos tradicionales | Miranda de Arga |
| Video | Juego de Tres navíos | Ozcáriz, Gloria | Juegos tradicionales | Tafalla |
| Video | Juguetes | Ozcáriz, Gloria | Juegos tradicionales | Tafalla |
| Video | Juegos de la infancia | Arrazubi, Mari Paz | Juegos tradicionales | Tafalla |
| Video | Palabras del juego del burro | Arrazubi, Mari Paz | Juegos tradicionales | Tafalla |