ARCHIVE du patrimoine immatériel de NAVARRE

Mendavia

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  • Nom officiel:
    Mendavia
  • Type de localité:
    Municipio simple
  • Recensement:
    3.612 (2016)
  • Extension:
    77.00 km2
  • Altitude:
    344 m
  • Pampelune (distance):
    78.00 Km

Emplacements dépendants:

Zona no vascófona.

 

Limita al N con Lazagurría y Los Arcos, al E con Sesma al S con Alcanadre y Arrúbal (Rioja) y al O con Agoncillo (Rioja), Viana y Bargota.
El término es llano al SO y accidentado al NE. En el primer caso se trata de diversas terrazas fluviales del Ebro, que hace aquí de frontera con la Rioja y discurre a 340-330 m. En el segundo caso la accidentabilidad se corresponde con los terrenos yesíferos del Oligoceno-Mioceno (yesos con arcillas de la Formación de Lerín), plegados y modelados en crestas y escarpes que culminan a 520 m en la Planilla, al N, y a 472 m en los Peñascos, al E.

 

Clima

El clima es de tipo mediterráneo-continental: inviernos fríos, veranos calurosos y secos, lluvias escasas y aleatorias, cierzo frecuente e intenso. Éstos son algunos de los valores meteorológicos medios anuales más representativos: 12°-13° C de temperatura, 400-500 mm de precipitaciones, caídas en 50-80 días, y 700-725 mm de evapotranspiración potencial.

Flora

Fuera de la cultivada casi no queda otra vegetación arbórea que los chopos de los sotos fluviales y los pinos de repoblación (pino carrasco).

HERÁLDICA MUNICIPAL. Trae de gules y un castillo de oro sobre un creciente de plata. Por timbre una corona abierta. Cuando el año 1861 se dirigió la Diputación a las villas pidiéndoles detalles de sus escudos para decorar el Salón del Trono, el alcalde contestó que el que usaban era el descrito, pero que en la fachada de la casa consistorial había uno, que según tradición pertenecía a una familia noble, que era cuartelado: 1° de gules y una estrella de oro de ocho puntas. 2° de plata y un león rampante de gules. 3° el escudo de la localidad (castillo y creciente) y 4° de oro y un aspa de San Andrés de gules.

CASA CONSISTORIAL. Construida en el siglo XVIII. Su interior se reformó en 1984. Es un edificio de ladrillo con dos fachadas al exterior y escudo de la Villa. Se sitúa en la calle Navarro Villoslada, junto a la iglesia. El ayuntamiento está formado por alcalde y diez concejales.

HISTORIA. En su término se ha descubierto una red de asentamientos al aire libre del Eneolítico-Bronce, en los que se recogieron diversos conjuntos de piezas líneas y once hachas pulimentadas; dos de estos yacimientos están situados en los lugares de Beraza y Valoria. Hay que añadir el de Puente Fustero, Cogote Hueco, El Altillo, El Castillar, y los restos de la canalización del acueducto romano de Alcanadre-Lodosa.Fue centro de uno de los distritos o «tenencias» del reino en el siglo XII. Lugar de señorío realengo, en 1280 debía anualmente en concepto de «fossadera» 165 sueldos y 100 por «cena», más 200 cahíces de trigo y 250 de avena y cebada como pecha. Arruinada en la guerra con Castilla (1378) y reducida su población a la décima parte, el rey Carlos III dio la villa a Diego López de Estúñiga y su descendencia (1394). Luego la confiscó Juan II (1432) para entregarla al conde de Lerín, Luis de Beaumont. Aunque devuelta a los Estúñiga, fue restituida finalmente al condado de Lerín por Fernando el Católico (1512/1513).
El monasterio de Irache poseía, al menos desde comienzos del siglo XIII, la heredad de Imaz, así como la de la «parroquia de Menda la Vieja», cuyo término fue delimitado en 1383.
Formó parte del condado de Lerín hasta la desaparición de los señoríos en la primera mitad del siglo XIX. Desde entonces fue ayuntamiento separado sometido a régimen común. En 1847 tenía hospital, escuela de niños dotada con 4.000 reales y frecuentada por 120 alumnos, y escuela de niñas, con 2.400 reales y 117 alumnas. La iglesia parroquial estaba servida por un vicario, de provisión de la villa, y por siete beneficiados, cuya provisión había correspondido hasta la exclaustración de los años treinta al monasterio de Irache. Funcionaba un molino harinero. En la década de 1920 sus relaciones comerciales se reducían prácticamente a las que mantenía con Logroño. Funciona¬ban varios hornos de cal, fábricas de conservas, chocolates y velas, talleres de construcción de carros, trujales y una alfarería. Se desarrolló de manera notable durante la segunda mitad del XIX y la primera del XX.
En cuanto al hospital de la villa, la escritura fundacional fue realizada por Dolores Cereceda y Mauleón y confirmada por su madre Petra Mauleón y Jiménez. Los testamentos se hicieron en Logroño (9 de diciembre de 1896) y Viana (26 de febrero de 1897).
El edificio fue construido en un terreno denominado Campo Santo, recibiendo el nombre de hospital Nuestra Señora de los Dolores. Fue construido con un doble objetivo, pues por una parte servía para atender a los enfermos y por otra era colegio de párvulos y niñas, con carácter gratuito.

CASTILLO. La villa estuvo defendida en época medieval por un castillo o torre fortificada, cuyos alcaides pagaba el rey. En 1237 era gobernador de la fortaleza García López de Alfaro. En los últimos años del siglo XIII consta como alcaide Pedro de Besançon, al que sucedió hacia 1300 Juan Díez de Mirafuentes. Por entonces la retenencia era 6 libras en dinero y 30 cahíces de trigo. En esos años se repararon las cámaras del recinto.
En 1321 tenía a su cargo la guarda Pedro Sánchez de Lodosa. Más tarde, en 1351, Carlos II la confió a Ferrón Gil de Asiáin, que pasó a residir a la torre con sus hijos Fernando y Ramiro. En 1369 era alcaide Juan García de Galdiano. Diez años después, el pueblo fue incendiado por los castellanos. Pasadas las hostilidades, en 1382, el rey dio merced del señorío a Diego López de Estúniga, mayordomo del rey de Castilla, en 1394.
Reinando ya Blanca y Juan II de Aragón, en 1429, se hicieron obras importantes en la torre mayor, se construyeron garitas en las otras torres y se rehízo la muralla en varias partes. Al año siguiente, con motivo de la guerra con Castilla, llegaron a guardar la fortaleza 27 hombres de armas y 51 ballesteros, a las órdenes del propio Diego de Estúñiga. En julio de 1430, los reyes hicieron donación del señorío en favor del alférez Charles de Beaumont, previa confiscación a los Zúñiga, que se pasaron al servicio del monarca castellano.
En los años 1440 y 1450, la villa padeció nuevos saqueos y atropellos por parte de los castellanos. Juan II mandó en 1462 que el tesorero pagase el rescate de su criado Ramiro de Aguilera, apresado por los rebeldes beaumonteses de la fortaleza de Mendavia. En los últimos años del siglo XV o primeros del XVI, los reyes Juan de Labrit y Catalina de Foix restituyeron el señorío a Antonio de Velasco y Francisca de Zúñiga, condes de Nieva. Tras la conquista de Navarra, volvió a integrarse en el extenso condado de Lerín. Posiblemente por esta causa sobrevivió la torre a las demoliciones decretadas en 1516 y 1521.

 

Las primeras noticias sobre la parroquia de San Juan Bautista datan del año 1048 en que pasó a depender del monasterio de Irache. La fábrica actual debió iniciarse a comienzos del siglo XIII en estilo protogótico. De esta primitiva construcción quedan las estructuras fundamentales de la iglesia con sus muros hasta el arranque de las cubiertas que configuran un espacio de tres naves -con tres tramos cuadrados la del centro y dos rectangulares las dos extremas-, más la cabecera pentagonal. Asimismo pertenecen a la fábrica del siglo XII las triples medias columnas adosadas a los frentes de los pilares hacia la nave mayor, hoy suspendidas a mitad de su altura, y los robustos arcos formeros que van articulando los tramos de las naves laterales. Del siglo XVI es, por el contrario, todo el sistema de cubiertas que comprende la bóveda estrellada de la capilla mayor y los terceletes que voltean sobre los tramos de nave.

En el siglo XVII se construyó la nueva sacristía con bóveda de cañón con lunetos y se remodeló la antigua con una cubierta semejante para uniformar el conjunto; asimismo datan de esta centuria las dos portadas gemelas encuadradas por pilastras y con frontón recto en el coronamiento. Por último, en el año 1781 Santos Ángel de Ochandátegui erigió una torre neoclásica a los pies de la nave de la Epístola, aprovechando los materiales de la vieja torre y con una tipología que servirá de modelo a la que Pedro Velasco Ventura trazó en el año 1804 para la iglesia de Arróniz.

Al presbiterio se ajusta el retablo mayor tradicionalmente atribuido a Francisco de Iciz y que hoy se adjudica a la autoría de Francisco Jiménez, maese Metelín y maese Jaques Tomás, estos dos últimos residentes en Mendavia en el año 1548. Sobre una estructura arquitectónica donde todavía persisten algunas columnas abalaustradas se superpone una copiosa ornamentación plateresca más un conjunto iconográfico narrativo y detallista, de calidad desigual, dentro del expresionismo del primer Renacimiento. A este conjunto se adscribe también un relieve de la Epifanía aprovechado en el retablo recompuesto del Crucificado y otro del Nacimiento que se guarda en el museo Diocesano de Pamplona. Menos interés ofrecen el retablo de San Antonio, barroco de comienzos del siglo XVIII con la imagen titular moderna, o el de San José, de estilo rococó propio de la segunda mitad del siglo XVIII. De la misma centuria es una buena talla del Crucificado con arqueamiento anatómico inspirado en modelos tardomedievales. La sillería de coro pertenece al estilo manierista de mediados del siglo XVII y el armario de la antesacristía al Barroco de hacia 1700.

También se remontan a mediados del siglo XI las noticias sobre la ermita de la Virgen de Legarda cuya fábrica actual responde a distintas fases constructivas efectuadas entre los siglos XIII y XVIII. De la primera época quedan los dos tramos de nave con muros hasta el arranque de las cubiertas más la pequeña hornacina empotrada en el costado de la Epístola así como sus soportes y columnas suspendidas sobre ménsulas figuradas y los capiteles de hojarasca, mientras que las bóvedas de crucería, por la endeblez de sus nervios, parecen imitación efectuada en el último gótico. También se conserva la portada gótica que aprovecha la primitiva estructura protogótica con sus temas ornamentales en las arquivoltas y una copiosa iconografía de influencia burgalesa a través de Álava; el Juicio Final del tímpano recuerda el de la portada del Sarmental de la catedral de Burgos. Ha desaparecido, en cambio, la cabecera medieval de la iglesia, convertida en simple tránsito a la nueva capilla mayor erigida en estilo barroco con planta de cruz griega cubierta por cúpula sobre pechinas, de la que hoy sólo se conservan los arranques. En el interior recibe culto la Virgen de Legarda, imagen gótica del siglo XIII, muy rehecha, que goza de gran veneración en la zona.

Fuera del casco urbano se localizan los restos de la ermita de la Virgen de Beraza reconstruida sustancialmente en el año 1612 por Andrés de Alargunsono; tasó las obras el maestro albañil Martín de Eraso.

Del recinto fortificado de la antigua villa medieval quedan fragmentos de muralla en torno a la iglesia, englobados en construcciones posteriores. El resto del caserío se adapta a la suave pendiente de la colina describiendo amplias curvas a diferentes niveles que atraviesan otras calles en cuesta, todas ellas jalonadas por construcciones barrocas de ladrillo y mampostería, algunas con el típico remate de arquillos de la Ribera de Navarra. Abundan también los escudos, entre los que se reconocen las armas del Palacio de Armañanzas. La calle de salida a la parroquia ofrece una interesante perspectiva.

Al término municipal pertenece también la granja de Imas compuesta por un conjunto de edificaciones en torno a un patio cuadrado, muy rehecho, donde se aprecian algunos restos del siglo XVII.

Órgano. Cuenta con un ejemplar neoclásico. El movimiento neoclásico se refleja un poco tardíamente en Navarra en cuanto a las cajas de sus órganos (1797 hasta finales del siglo XIX). Parece que sus tracistas no acababan de aceptar la nueva estética de Ventura Rodríguez en la fachada de la catedral de Pamplona, y ello a pesar de la presencia activa de A. S. Ochandátegui por Navarra, donde aparece, incluso, asegurando coros y órganos construidos con anterioridad.
Esta nueva corriente artística, juzgada por algunos despectivamente como «fría» y sin imaginación, hoy en día está en revisión. Habría que verla en todo caso, desde las coordenadas estéticas, sociales, etc. de la época.