NAFARROAKO ondare materiagabearen ARTXIBOA

MORIR AL TERCER PEDO

  • Audio mota:
  •       - Testimonio
  • Sailkapena:
  •       - Herri ipuinak
  • Ikertzailea / laguntzailea:
  •       - Ekiñe Delgado Zugarrondo
  • Audioaren kokapen:
    Ollobarren
  • Informatzaile mota:
    Individual
  • Audioaren informatzaileak:
    Martínez, Jesús
  • Audioko agenteak:
    Alfredo Asiáin Ansorena

Estaba un hombre cortando leña en el monte. Pero serraba la misma ra- ma en que estaba sentado. Y, en eso, pasó un hombre por allá y vio la escena. –Oiga, ¿pero no ve usted que se va a caer, porque está cortando la rama en que está usted apoyado? –le dijo. –¡Qué me voy a caer! –le replicó el que estaba en el árbol. Siguió serrando la rama en que se estaba sentado, cedió al final y cayó al suelo desde el árbol. –Pues ese hombre tiene que saber cuándo me voy a morir yo –pensó con ingenuidad. Corrió tras él, lo detuvo y le dijo: –Oiga, usted. Que usted tiene que ser Dios, porque sabía usted que me iba a caer yo de allá. –Hombre, claro que lo sabía –se vanaglorió. Y el otro le rogó: –Dígame usted, por favor, cuándo me voy a morir. –Pues cargue usted la leña y, cuando vaya hacia casa, al tercer pedo que se eche el burro, entonces se ha de morir usted –le vaticinó. Cargó la leña que había cortado y emprendió el camino de regreso a ca- sa. Pero en el trayecto había una cuesta un poco inclinada y, cuando empe- zaban a subirla, “puff ”, se echó un pedo el burro. –Ay, ya sólo me quedan dos –exclamó asustado. Y, un poco más arriba, “puff ”, se tiró otro. –Pues ya se ha tirado dos. Yo no le dejo que se tire otro –dijo alarmado. Cogió una mazorca de maíz, se la introdujo en el ano al burro y siguieron ascendiendo la cuesta. Pero, entonces, hizo más fuerza el burro y, “paff ”, se ti- ró uno más fuerte que los anteriores. Y muerto. Se cayó del burro al suelo y allí se quedó. Pasó el tiempo y, como no llegaba a casa, salió su mujer a buscarlo. –Juan, ¿pero qué haces ahí? –le preguntó cuando lo encontró tendido en el suelo. –Pues que estoy muerto –le respondió con decisión. –¡Pero si los muertos no hablan! –se enfadó su mujer. –Que sí. Que me ha dicho Dios que, al tercer pedo del burro, me había de morir –insistía su marido. –Pues no estás muerto –dijo concluyente la mujer y regresaron a casa.